viernes, 2 de julio de 2010

tarde del 23 de abril de 1945

Antes de abandonar el edificio de la chocolatería, Kringe debió escoger entre los tres soldados que le quedaban uno para dejar. El grandote Jensby estaba herido en una pierna por lo que dejarlo era condenarlo a una muerte segura; Schmidt era un experto con la ametralladora… Rommedahl fue el escogido por decantación.

El grupo de tres soldados cruzó la calle para situarse en su nueva posición. El cabo Kringe y Schmidt marchaban adelante en tanto que Jensby los seguía unos pasos más atrás culpa de de la herida en la pierna.

El edificio que debían ocupar estaba bastante ileso a excepción de una pequeña parte de la fachada donde había sido alcanzado por una granada de panzerfaust. Los tres niveles de la construcción contrastaban con la mayor altura de los edificios lindantes. Aunque más antiguo, parecía ser de una albañilería más sólida.

–¿No somos un poco pocos, señor? –preguntó el SS Schmidt tras examinar la posición que debían ocupar.

El danés y el cabo se miraron, tras lo que miraron a Schmidt. Luego se echaron a reír mientras que su camarada los miraba sin entender.

–Mira que si serás –dijo Jensby ahogado por la risa

Schmidt permaneció observándolos con gesto adusto, aún sin entender el motivo de la risa. Como la mayoría de los alemanes que formaban parte de las Waffen SS, el soldado no veía bien la informalidad ni el relajamiento entre sus camaradas.

–Montarás la ametralladora en la planta baja, luego ve a buscar todas las municiones que tenga el grupo de Zorc, ellos ya no las necesitan –ordenó el cabo Kringe nuevamente serio.

Luego de que Schmidt se marchara, tras apostar la MG-42, el cabo y el danés se dispusieron a examinar el edificio para seleccionar los mejores campos de disparo y las posibles vías de evacuación en caso de ser necesarios.

–No me gusta este lugar, cabo –se quejó Jensby–, si llegan a doblar la esquina quedaremos rodeados.

–Es lo que hay –dijo resignado Kringe y continuó con su inspección.

–Por qué no nos replegamos ya de una buena vez y listo –propuso el danés.

–Porque somos soldados y cumplimos órdenes –respondió inmutable Kringe, y ordenó–, este será tu lugar Jensby; en caso de que las cosas se pongan feas puedes saltar al patio interno del otro edificio.

–Gracias cabo –contestó irónico el SS danés.

Si captó la ironía, Kringe disimuló muy bien. Absorto siguió con su tarea y ascendió por la vieja escalera de granito hacia el segundo piso de la construcción. Las camas que abundaban en los distintos cuartos daban cuenta de que aquel lugar era un geriátrico o algo por el estilo. Abandonado recientemente concluyó Kringe, luego de dar con más de un urinario repleto de amarillenta carga.

Aunque las ventanas no eran muy amplias, comparadas a las de los otros edificios, se podían utilizar los panzerfaust sin mayor problema. Repentinamente cansado, el cabo se dejó caer en un marchito sillón hamaca. Seducido por la lenta oscilación de la mecedora, se permitió un instante de relajación de la dura formalidad militar para evocar los tiempos anteriores a la guerra donde sólo era un simple cartero en la lejana ciudad de Konstanz a orillas del lago homónimo.

Kringe dejó caer sus pesados párpados. Parecía que fuese ayer cuando marchaba de pesca al gran lago con sus amigos los días sábados por las tarde. Todo aquello parecía irreal entre el humo y los escombros de Berlín. Quién hubiera dicho que no volvería ver más a aquella chica judía. ¿Dónde se la habrían llevado? Había muchos rumores por lo bajo de cosas que era mejor no creer. A Kringe se le había olvidado el nombre de la joven, pero no así sus largas trenzas coloradas ni sus sonrojadas mejillas cada vez que lo miraba. Todo aquello estaba muerto al igual que la Gran Alemania y otros sueños de Hitler. Sin embargo, a pesar de que pareciera absurdo, nada de eso le importaba a Albert Kringe. Tan sólo echaba de menos su vida antes de entrar al ejército: la vida de un simple cartero y sus tardes de sábados y su muchacha judía.


3 comentarios:

  1. La verdad es que estoy enganchado con todo esto, muy bueno todo!
    Un abrazo!

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  2. YO sigo muy enganchada también!! ¿Qué pasa que no hay comentarios de los seguidores??????? Por mi parte espero cada una de las entradas con mucha expectativa! La historia ha logrado atraparme!
    Saludos!

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  3. Gracias Irupé y Elias por sus comentarios.

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